Nadie nace amando u odiando algo porque sí, todas esas sensaciones se van forjando con el transcurso del tiempo, influidas por los conocimientos que adquirimos de nuestros familiares y el entorno que nos rodea.

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En el post “Sin acciones concretas no hay hechos” mencionaba la necesidad de que nuestros niños conocieran en las escuelas algo más allá de las fronteras de Windows y Microsoft si queríamos hacer posible un proceso de migración hacia tecnologías libre en un futuro. Y es que la vida ha demostrado que es justamente en nuestros primero años de educación donde vamos definiendo gustos y preferencias, por mucho que estas puedan cambiar en el futuro.

Si a un niño se le enseña a hablar español e inglés desde sus primeros años, su cerebro en formación y altamente maleable le permitirá aprender y fijar ambos idiomas sorprendentemente rápido y con total fluidez, por el contrario si esto se intentara con una persona adulta, el proceso sería largo y tortuoso, y casi de seguro acabaría por aprender unas pocas de frases, aferrándose a las reglas gramaticales y conocimientos del idioma que ha hablado de toda la vida.

Justamente esto es lo que ocurre con el uso de software propietario o libre en nuestra sociedad. Si de infantes se nos enseña únicamente a usar Windows y Microsoft Office, cuando tengamos que enfrentarnos de mayores a un proceso de migración hacia otros estándares de software, como son GNU/Linux o LibreOffice, lo sentiremos como una imposición y nos opondremos rotundamente al cambio, aún sin conocer las ventajas o posibilidades que estos puedan brindar.

José Martí, Héroe Nacional de Cuba dijo – “Los niños son la esperanza del mundo.” – Y sus palabras no fueron pronunciadas sólo porque sonaran bien o estuviera esperando que las tallaran en piedra. Los niños componen los cimientos de toda sociedad, civilizada o no y lo que aprendan en su infancia es lo que reflejarán de mayores e impondrá el rumbo que está destinado a tomar toda una nación.

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Por ello he aquí mi “descabellada” propuesta, dirigida a los directivos de la universidad donde estudio, cátedra formadora de grandes ingenieros y pensadores, y a todo aquel que tenga la posibilidad y los deseos de colaborar, permitidme y apoyadme en la creación de un grupo de alfabetización sobre el uso de software libre para niños en los primeros años de educación escolar.

¿Qué quiero decir con esto?

Pues nada más y nada menos que lo planteado, crear de forma experimental, en un principio con una o dos escuelas primarias y con esperanzas de que se expanda hacia otras tantas, un proyecto donde los niños reciban desde sus primero años de educación, en sus turnos de computación y como parte de sus planes de clases, conocimientos referentes al uso del software libre y las tecnologías abiertas, donde tengan la posibilidad de interactuar con los distintos tipos de escritorios y paradigmas que les brinda el universo de Linux y otras aplicaciones de software libre antes de verse cegados definitivamente por los paradigmas “microsoftnianos” que imparten en esas instituciones.

Ahora, eso si, los ordenadores que usen deberán poseer alguna distribución GNU/Linux y en ningún caso las clases deben ser impartidas por profesores cuyo conocimiento e interés por el software libre sean nulos o escasos, ya que se correría el riesgo de echar por tierra todo el proyecto incluso antes de comenzar, al obligar a nuestros infantes a escuchar palabras vacías por parte de personas que, ni creen, ni sienten, ni padecen por lo que están diciendo.

¿Qué nos resulta necesario ?

Las ganas de hacer, es sin lugar a dudas lo más importante y eso ya lo tenemos, pero por desgracia sólo con tenerlas no hacemos nada. Para conseguir un proceso exitoso resulta necesario disponer de recursos que nos permitan trabajar y apoyo por parte de las instituciones escogidas para realizar el experimento.

Únicamente así podremos tener los frutos que demuestren al resto de la nación la importancia de llevar un proceso como este a gran escala. Sólo así podremos definitivamente solidificar los cimientos necesarios para impulsar un proceso de migración y soberanía tecnológica que perdure en el tiempo.